Europa desarrolla tecnología para revertir la parálisis

Thalía Becerra

Un equipo de científicos europeos está marcando un cambio de paradigma en la medicina neurotecnológica enfocada a pacientes con parálisis. El proyecto de investigación ReverseParalysis desarrolló una interfaz cerebro-médula que funciona como un “puente digital” entre ambas zonas tras un traumatismo físico.

La iniciativa es coordinada por la compañía ONWARD Medical. Los resultados clínicos demuestran que la integración de bioingeniería, impulsos eléctricos dirigidos y algoritmos de inteligencia artificial permite recuperar la movilidad voluntaria en extremidades que los tratamientos convencionales consideraban imposibles de restaurar.

El “puente digital” que conecta el cerebro con la médula

Cuando ocurre una fractura o daño en la columna, los canales de comunicación nerviosa colapsan. Esto impide el paso de los impulsos eléctricos desde la cabeza hacia las extremidades.

Históricamente, las terapias se enfocaban en la adaptación del entorno mediante sillas de ruedas o exoesqueletos mecánicos. La tecnología de ReverseParalysis aborda el problema de forma inversa. El dispositivo aprovecha los tejidos del sistema periférico que se mantuvieron sanos por debajo de la zona lesionada:

  1. Lectura cortical: Un microimplante se fija en la corteza motora del cerebro para registrar los patrones de pensamiento e intenciones de movimiento.
  2. Traducción algorítmica: Software con aprendizaje automático procesa y descodifica estas señales para transformarlas en comandos numéricos.
  3. Estimulación dirigida: Las órdenes digitales se envían a un segundo neuroestimulador implantado en la médula espinal. Este transmisor emite descargas eléctricas precisas sobre las raíces dorsales, logrando que los músculos ejecuten la acción deseada.

Resultados clínicos y recuperación de la autonomía muscular

El desarrollo de este ecosistema tecnológico conjuntó aportaciones de laboratorios de Suiza, Francia y Países Bajos. Uno de los casos de estudio fue el del atleta David Mzee, quien quedó parapléjico tras un accidente de gimnasia. Bajo supervisión médica en la clínica de Lausana, el deportista consiguió ponerse de pie y caminar distancias cortas utilizando apoyos fijos.

Tras concluir el periodo de pruebas en 2025, el proyecto documentó hitos de alta relevancia. Dos pacientes diagnosticados con parálisis medular recuperaron la bipedestación y la marcha asistida. En paralelo, otros dos voluntarios con cuadriplejia parcial recobraron la movilidad en sus manos y brazos.

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