El corazón de la osa Mina no resistió más. Tras una dolorosa vida marcada por la negligencia humana y una batalla de nueve meses por su recuperación, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Fundación Invictus A.C. confirmaron el fallecimiento del ejemplar a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.
Los resultados de la necropsia, entregados el 23 de junio, revelaron que su muerte fue el desenlace de una enfermedad cardiaca crónica avanzada, la cual provocó un edema pulmonar severo e insuficiencia respiratoria aguda. Estos hallazgos coinciden con los diagnósticos previos de cardiomegalia e insuficiencia cardiaca que arrastraba desde su rescate.
Una historia de dolor y negligencia en La Pastora
Detrás de la pérdida de Mina existe una cruda realidad de maltrato animal. El calvario de la osezna se hizo público el 25 de septiembre de 2025, cuando se viralizó un video en redes sociales que mostraba su avanzado estado de abandono, con severas lesiones en la piel y un evidente deterioro físico dentro del Zoológico La Pastora, en Guadalupe, Nuevo León.
La presión social y la oportuna denuncia de activistas obligaron a una inspección de la Profepa, la cual destapó graves irregularidades y la omisión del personal médico del lugar, provocando la destitución del entonces coordinador general del zoológico, Gustavo Sepúlveda Villarreal.
Cuando Mina fue trasladada de urgencia el 28 de septiembre a las instalaciones de la Fundación Invictus en Pachuca, Hidalgo, el panorama era desgarrador: el mamífero presentaba apenas una capacidad cardíaca del 20 por ciento, infecciones severas en la piel y los estragos de una desnutrición crónica que los especialistas calcularon que duró al menos 33 meses. Casi tres años de hambre y olvido que atrofiaron su cuerpo de forma irreversible.
Nueve meses de amor y dignidad
A pesar del daño estructural en sus órganos, los últimos nueve meses de la osa Mina estuvieron llenos de un cuidado humano sin precedentes. Especialistas de Invictus y autoridades federales se volcaron en garantizar su bienestar animal, brindándole atención permanente, medicamentos especializados y estudios avanzados.
Durante este tiempo, se lograron aliviar los dolorosos problemas de piel que la aquejaban y se le ofreció, por primera vez en su vida, un entorno de paz y cariño. La Profepa agradeció profundamente el profesionalismo de la fundación por otorgarle a Mina una vida digna en su etapa final.
Justicia frenada por recursos legales
Aunque la Profepa concluyó el procedimiento administrativo contra el predio donde Mina sufrió el confinamiento y notificó en marzo de 2026 la imposición de sanciones y medidas de reparación del daño, los responsables impugnaron la resolución a través de recursos legales.
Actualmente, las multas y castigos contra los culpables de su sufrimiento se encuentran congelados y no podrán ejecutarse hasta que los tribunales resuelvan dichos amparos, dejando en pausa la justicia definitiva para un ejemplar que se convirtió en el símbolo de la lucha contra el maltrato animal en México.
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