Josué Avalos
El mercado energético global atraviesa una de sus etapas más críticas en años recientes.
A la volatilidad natural de los mercados se suma ahora el cierre del Estrecho de Ormuz, una arteria vital para el comercio marítimo mundial, que ha provocado un efecto dominó: los navíos cargados de combustibles no están llegando a sus destinos, y México está sintiendo el golpe en sus estaciones de servicio.
Aunque a menudo se piensa en nuestro país como un actor regional, México representa el 20% de la producción mundial de petróleo y fertilizantes.
Esta posición privilegiada, sin embargo, nos vuelve extremadamente vulnerables a cualquier interrupción en las cadenas de suministro internacionales.
Cuando la logística falla en puntos neurálgicos como Ormuz, los costos de transporte y distribución se disparan, trasladándose inevitablemente al precio final de la gasolina para los automovilistas mexicanos.
El Papa León XIV ha lanzado diversos llamados a la paz mundial, instando a las naciones involucradas en los conflictos actuales a dejar las armas y buscar soluciones que eviten una crisis humanitaria y económica mayor.
Ante esta situación, la presidenta de México ha manifestado su respaldo total a los llamados de paz del Pontífice.
La postura del Gobierno Federal es clara: la estabilidad global es la única vía para garantizar la seguridad energética y económica del país.
La mandataria ha subrayado que, aunque México es un productor clave, la paz internacional es un factor indispensable para que los mercados se estabilicen y dejen de presionar el precio de los combustibles.
En un mercado globalizado, cualquier incremento en el costo del barril de petróleo se refleja, en cuestión de días o incluso horas, en el costo de los combustibles que consumimos en México.
Sin embargo, el mensaje desde Palacio Nacional es contundente: sin paz global, la economía nacional seguirá bajo una presión constante.
Te podría interesar: Papa León XIV responde a Trump: “No le tengo miedo”
