Gabriela García Muñoz.
El paro parcial en el transporte público no sólo ha complicado la movilidad en la zona metropolitana, sino que también está generando un impacto directo en la economía de miles de trabajadores y estudiantes, quienes ahora deben destinar más dinero y hasta más de una hora adicional para poder llegar a sus destinos.
En distintos puntos de la ciudad, usuarios reportan tiempos de espera que superan los 60 minutos. En algunos casos, las unidades simplemente no pasan, lo que obliga a las personas a buscar alternativas como taxis por aplicación, pagar doble pasaje o utilizar rutas más largas.
Golpe al bolsillo: gasto diario puede duplicarse
Para un trabajador que percibe entre uno y dos salarios mínimos, el gasto diario en transporte puede duplicarse cuando debe recurrir a servicios por aplicación como Uber o DiDi.
Un traslado que normalmente costaba entre 8 y 10 pesos por trayecto puede elevarse hasta 80 o incluso 120 pesos en automóvil por aplicación, dependiendo de la distancia y la tarifa dinámica, lo que representa una carga económica considerable.
Movilidad se convierte en un desafío cotidiano
Más allá del conflicto entre concesionarios y autoridades, el usuario final es quien absorbe el costo económico y de tiempo. La movilidad —considerada un derecho y un factor clave para la productividad— se convierte así en una carga adicional para quienes dependen diariamente del transporte público.
Mientras no se normalice el servicio, trabajadores y estudiantes continúan enfrentando una disyuntiva diaria: llegar tarde a sus actividades o asumir un gasto mayor para garantizar su traslado.
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