¿Sabías que los desperdicios del nopal pueden ser el mejor amigo de la agricultura? Un grupo de científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) descubrió que las espinas y orillas que normalmente tiramos a la basura pueden transformarse en un poderoso fertilizante orgánico.
Este innovador proyecto, liderado por el investigador Bruno Chávez Vergara del Instituto de Geología de la UNAM, demostró que el uso de este abono líquido mejora los cultivos de forma mucho más eficiente que los químicos de siempre.

Los grandes beneficios del nopal para la tierra y los cultivos
El uso de este fertilizante natural, obtenido de los residuos del nopal en Milpa Alta (CDMX), trae tres ventajas enormes para los agricultores y el medio ambiente:
- Plantas más grandes y fuertes: En las pruebas con cultivos de avena, la biomasa (es decir, el tamaño y la cantidad de materia orgánica de la planta) aumentó hasta un 20%.
- Cosechas en menos tiempo: Las plantas maduraron hasta un mes más rápido, lo que permite a los productores aprovechar mejor el tiempo.
- Suelo vivo y sano: A diferencia de los químicos que dañan la tierra con el tiempo, este líquido alimenta a los hongos y bacterias buenas del suelo, ayudando a recuperar terrenos desgastados por los agroquímicos.
- Ahorro de agua: Al ser un fertilizante líquido, la planta absorbe los nutrientes de forma casi inmediata y se aprovecha mejor el agua disponible.
¿Cómo se logra esta “magia” verde?
Cuando limpiamos los nopales para comerlos, entre el 15% y el 20% de la verdura se desperdicia (las espinas y los bordes). En lugar de dejar que terminen en la basura, se procesan en una planta especial en Milpa Alta en colaboración con la empresa SUEMA.
Ahí, los residuos se meten a un contenedor sin oxígeno (un proceso llamado digestión anaerobia). El objetivo principal de este proceso es generar biogás para producir electricidad, pero el líquido que queda al final, llamado digestato, resultó ser oro puro para el campo.
¿Por qué es mejor que el fertilizante químico? El químico solo alimenta a la planta, pero olvida la tierra. El fertilizante de nopal alimenta a la planta y también a los microorganismos del suelo, imitando lo que hace la naturaleza de forma original.
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