Nueve meses después de haber sido el escenario de uno de los atracos más audaces y bochornosos de la historia reciente del arte, la Galería Apolo del Museo del Louvre reabrió sus puertas al público el miércoles. La icónica sala, considerada una de las más suntuosas del museo más visitado del mundo, vuelve a recibir a miles de turistas en París, aunque lo hace bajo una apariencia profundamente renovada y sin sus tesoros más célebres.
La dirección del museo confirmó un cambio drástico en la propuesta expositiva: la Galería Apolo ya no albergará las joyas de la corona francesa. A partir de ahora, las piezas históricas sobrevivientes han sido puestas bajo resguardo y serán exhibidas en el futuro dentro de una sala de alta seguridad sin ventanas.
De vitrina de tesoros a joya de la arquitectura
A pesar de la ausencia de las valiosas piezas, la reapertura ha convertido a la sala en una nueva y concurrida atracción. Sin las vitrinas centrales de orfebrería, el foco de la visita se traslada por completo a la magnificencia del espacio en sí.
Los visitantes ahora pueden admirar de cerca y sin distracciones la espectacular arquitectura de la galería, sus impresionantes techos decorados por grandes maestros del arte y uno de los interiores más deslumbrantes y emblemáticos de todo el complejo palaciego.
El atraco: Una investigación sin resolver
El cierre de la sala ocurrió en octubre del año pasado, cuando cuatro ladrones irrumpieron a plena luz del día en la galería para sustraer ocho piezas pertenecientes al tesoro real francés, cuyo valor se estima en aproximadamente 100 millones de dólares.
Aunque la policía logró un avance clave con la detención de los cuatro presuntos autores materiales del robo, el paradero del botín sigue siendo un misterio:
- Los objetos robados aún no han sido recuperados a pesar de los intensos operativos realizados por investigadores franceses en la región de París.
- Las autoridades francesas mantienen un constante intercambio de información e inteligencia con cuerpos policiales de Bélgica, Italia y otros países europeos para rastrear las piezas en el mercado negro de arte.
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