Josué Avalos
Fiel a su estilo directo y explosivo, el presidente Donald Trump no tardó en encender las redes sociales tras la conclusión del Super Bowl LX.
El blanco de sus críticas fue, nada menos, que el espectáculo de medio tiempo encabezado por Bad Bunny, el cual calificó como un “acto horrible” y una ofensa directa a los valores estadounidenses.
Desde su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense arremetió contra la actuación del puertorriqueño, cuestionando tanto la lírica como la estética del show.
“Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante”, sentenció Trump, haciendo especial énfasis en el impacto que, a su juicio, tiene este tipo de contenidos en la audiencia infantil que sintoniza el evento a nivel global.
Trump también aprovechó para arremeter contra la propia NFL, criticando las recientes modificaciones reglamentarias en el inicio de los partidos, y se adelantó a descalificar la cobertura mediática que, según él, los “medios de comunicación falsos” darían al evento.
A pesar de su evidente descontento con el show artístico, minutos antes de la victoria de los Halcones de Seattle, el mandatario había invitado a sus seguidores a disfrutar del juego, asegurando que los Estados Unidos atraviesan un gran momento y que “lo mejor está por venir”.
Mientras la Casa Blanca lanza estos dardos, la crítica especializada y la comunidad latina han celebrado el espectáculo como una representación histórica y trasgresora de la cultura puertorriqueña, consolidando una vez más la brecha cultural y política que el fenómeno de Bad Bunny genera en el territorio estadounidense.
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