Josué Avalos
El pasado 2 de enero, una imagen captada por cámaras de seguridad en la Ciudad de México se volvió viral por las razones más terribles: un auto arrastraba una motocicleta, con todo y conductor, a lo largo de dos kilómetros por las calles de Iztapalapa.
Hoy, esa historia da un giro decisivo con la detención de Gaby “N”, la presunta mujer al volante de aquel vehículo.
La captura no fue sencilla. Gaby “N” fue localizada y arrestada por agentes de la Fiscalía capitalina en el municipio de Ejutla de Crespo, allá en Oaxaca, a donde aparentemente había huido tras el incidente.
Ahora, ya duerme en el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla, acusada de homicidio calificado. Aunque legalmente se le debe considerar inocente hasta que un juez diga lo contrario, la evidencia en video y los peritajes parecen dejar poco espacio a la duda.
Detrás de este caso hay una familia destrozada. Roberto, de 52 años, no era un desconocido; era un esposo y hermano que esa noche manejaba su moto para ir a recoger a su mujer, Wendy, a su trabajo en Ciudad Nezahualcóyotl.
De hecho, su hermano venía checando su ubicación por celular, una precaución que lamentablemente no pudo evitar el impacto en el cruce de Eje 6 Sur y Periférico. Fue precisamente Wendy quien, navegando en redes sociales, reconoció a su esposo en los videos por el color de su chamarra.
Este arresto es un paso importante, pero no borra la crueldad de lo que ocurrió: una conductora que, tras chocar con un hombre que llevaba 10 años manejando su moto sin problemas, decidió no frenar y arrastrarlo por tramos larguísimos hasta causarle la muerte.
Mientras el proceso legal avanza en la Ciudad de México, el caso de Roberto se queda como un recordatorio doloroso de la falta de empatía y la violencia vial que se vive a diario.
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