Thalía Becerra
Barcelona ha seleccionado una innovadora propuesta que promete revolucionar la infraestructura de la ciudad. Se utilizarán huesos de aceituna para la creación de un asfalto sostenible. El proyecto BIOCHAR fue uno de los ganadores del reto urbano “La sección de calle del siglo XXI” y busca mitigar el impacto ambiental de la construcción vial.
La iniciativa, desarrollada por las empresas Agustí i Masoliver y ELSAN en colaboración con la Universitat Politècnica de Catalunya propone sustituir el filler (componente mineral del pavimento) por un biocarbón obtenido a partir de residuos agrícolas.
Reducción de hasta un 76% en emisiones de CO₂
Durante su crecimiento, los olivos absorben CO₂ de la atmósfera, el cual queda almacenado en la biomasa. Al convertir estos residuos en carbón vegetal y añadirlos al pavimento, el carbono se queda atrapado permanentemente en la estructura de la calle en lugar de ser liberado. Esto permite reducir la huella ambiental.
De acuerdo con las estimaciones técnicas, este cambio permitirá una disminución de aproximadamente el 76% en las emisiones vinculadas a la fabricación y aplicación del firme asfáltico. Este avance es crucial para el sector de la construcción y posiciona a Barcelona a la vanguardia de las infraestructuras urbanas sostenibles.
Viabilidad técnica y próximos pasos
Más allá de su beneficio ecológico, el nuevo material logra ofrecer prestaciones equivalentes o incluso superiores a los asfaltos convencionales en términos de resistencia al agua, estabilidad térmica y durabilidad ante las fisuras. Estas características son fundamentales para enfrentar los retos del cambio climático.
El proyecto se encuentra actualmente en su fase de investigación y prototipado, la cual se extenderá hasta septiembre de 2026. Tras esta etapa, se prevé la instalación de los primeros tramos de prueba en el espacio público a partir de 2027. El objetivo es realizar un seguimiento exhaustivo bajo condiciones reales de tráfico y desgaste.
Si los resultados confirman su éxito en el entorno urbano, la ciudad podría estandarizar el uso de este material, transformando sus calles en sumideros de carbono y promoviendo una gestión eficiente de los residuos agrícolas.
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