La brecha salarial: ¿Por qué casi la mitad de las mujeres gana menos de lo necesario?

En las calles de la capital poblana, el rostro de la economía tiene nombre de mujer. Diariamente, decenas de poblanas se dedican a la venta de alimentos, ropa y productos básicos; sin embargo, detrás de este esfuerzo por sostener a sus familias, se esconde una realidad estructural: la persistente desigualdad laboral y salarial.

A pesar del incremento en la participación femenina en la fuerza de trabajo, expertos señalan que el camino hacia la equidad aún tiene obstáculos críticos. De acuerdo con el Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana Puebla, la brecha de género no se limita únicamente al monto del cheque mensual, sino a la calidad de los empleos disponibles para ellas.

El “techo de cristal” en el comercio informal

El Dr. Miguel Calderón Chelius, responsable del Observatorio de Salarios, explica que la disparidad surge desde el tipo de inserción laboral. Muchas mujeres se ven forzadas a optar por el comercio informal o empleos de medio tiempo debido a una razón externa al mercado: la carga de las responsabilidades familiares.

“Incorporarse al trabajo no siempre significa mayor independencia económica”, advierte Calderón Chelius, resaltando que la necesidad de equilibrar el hogar y el empleo suele empujar a las mujeres a puestos con menores prestaciones y remuneración.

Las cifras de la desigualdad en México

La estadística refleja un panorama de baja participación y precariedad:

  • Participación laboral: Solo 4 de cada 10 mujeres están activas en el mercado laboral, frente a 7 de cada 10 hombres.
  • Ingresos: Casi la mitad de las mujeres ocupadas en el país percibe apenas hasta un salario mínimo.

Hacia un 8 de marzo con demandas claras

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (8M), especialistas coinciden en que la solución no solo es crear “más empleos”, sino transformar las condiciones del mercado. Reducir la brecha implica garantizar:

  1. Mayor acceso al empleo formal.
  2. Igualdad de salarios por trabajos de igual valor.
  3. Políticas de conciliación que permitan a las mujeres participar con igualdad de oportunidades sin sacrificar su estabilidad económica.

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