Más que un simple acompañamiento o una coincidencia afectiva, la amistad es una necesidad profunda y evolutiva. De acuerdo con Rolando Díaz Loving, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, los seres humanos hemos sobrevivido no por ser la especie más fuerte, sino por nuestra capacidad de crear redes y apoyarnos mutuamente.

es una necesidad profunda y evolutiva.
El bienestar no es material, es social
Contrario a la creencia popular de que el éxito se mide en logros profesionales, estudios de largo plazo revelan que el mejor predictor del bienestar es la calidad de nuestras relaciones.
Para el especialista de la UNAM, las amistades positivas funcionan como un ancla anímica. Estas permiten:
- Regular las emociones en momentos de crisis.
- Mantener un sentido de pertenencia e identidad.
- Sortear dificultades con mayor resiliencia.
En la cultura mexicana, este vínculo es aún más crítico, ya que la identidad personal se define a través del grupo (familia, amigos, barrio). “El bienestar emocional no se entiende solo desde lo individual, sino desde la armonía con los otros”, señala Díaz Loving.
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La soledad: Un riesgo para la salud y el rendimiento escolar
La falta de conexiones sociales no solo es triste; es peligrosa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la soledad aumenta la probabilidad de enfermedades y muerte prematura.
En el ámbito educativo, la amistad es un factor determinante:
- Rendimiento académico: Estudiantes que se sienten aislados suelen tener calificaciones más bajas.
- Deserción escolar: La falta de una red de pares aumenta el riesgo de abandonar los estudios.
- Motivación: Contar con amigos favorece la constancia frente al fracaso.
¿Qué sucede en nuestro cuerpo al convivir?
La amistad tiene un impacto biológico real. La convivencia con personas cercanas activa un “cóctel” de bienestar en el cerebro:
- Oxitosina, serotonina y dopamina: Generan calma y placer.
- Reducción de cortisol: Disminuye el estrés y la ansiedad.
- Fortalecimiento inmunológico: Incluso el contacto físico (un abrazo o una palmada) acelera la recuperación física.
“Las amistades basadas en la constancia, el compromiso e intimidad aportan bienestar a largo plazo, a diferencia de las relaciones basadas solo en la euforia momentánea”, advierte el académico.
El reto de la era digital
Si bien las redes sociales facilitan el contacto, Díaz Loving advierte sobre los vínculos superficiales. Los “likes” y mensajes rápidos ofrecen una gratificación efímera que no siempre se traduce en apoyo emocional real. El reto actual es no perder la escucha activa y el tiempo compartido de forma directa.
Una amistad sana requiere cuidado, reciprocidad y límites claros. En un mundo con altos índices de ansiedad y depresión, los amigos siguen siendo el protector más relevante para la salud mental.
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