El interés de Donald Trump por incorporar Groenlandia a Estados Unidos vuelve a generar tensión diplomática internacional. El presidente estadounidense ha reiterado su intención de que el territorio ártico pase a control de Washington, incluso sin descartar presiones militares o incentivos económicos, una postura que ha sido rechazada de forma contundente tanto por Dinamarca como por los propios habitantes de la isla.
El pasado 10 de enero, el parlamento danés afirmó que no existe ninguna cantidad de dinero capaz de convencer a la población groenlandesa de aceptar una anexión, advirtiendo que cualquier intento en ese sentido solo provocaría descontento social. En la misma línea, los líderes de todos los partidos políticos de Groenlandia, incluidos los de la oposición, difundieron un posicionamiento conjunto en el que subrayaron que el futuro del territorio debe ser decidido exclusivamente por su población.
“No queremos ser estadounidenses ni daneses; queremos ser groenlandeses”, señalaron en el comunicado, reafirmando su identidad y derecho a la autodeterminación.
Pese a este rechazo, Trump y altos funcionarios de la Casa Blanca han evaluado distintos escenarios para colocar a Groenlandia bajo control estadounidense, sin descartar una intervención militar. Tanto el gobierno groenlandés como el danés han reiterado, en público y en privado, que el territorio no está en venta.
La posible anexión ha encendido alertas dentro de la OTAN. Aún no está claro cómo reaccionaría la alianza si Estados Unidos recurriera a la fuerza, pero varios líderes europeos han advertido que una acción de este tipo tendría consecuencias graves. En una declaración conjunta, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia y España enfatizaron que Groenlandia pertenece a su pueblo.
Trump, por su parte, afirmó que preferiría un acuerdo pacífico, aunque dejó abierta la posibilidad de medidas coercitivas. Justificó su postura asegurando que la anexión sería necesaria para evitar una eventual expansión de Rusia o China en la región ártica.
Sobre la posibilidad de realizar pagos directos a los habitantes de Groenlandia para convencerlos, el mandatario evitó confirmarlo, aunque no cerró la puerta a esa opción. Sin embargo, la población local ha reaccionado con un rechazo casi unánime. Residentes de Nuuk, la capital, han declarado que no aceptarían ningún tipo de compensación económica a cambio de perder el control sobre su territorio.
En medio de la controversia, diplomáticos de Groenlandia y Dinamarca sostuvieron reuniones recientes en Washington con asesores de la Casa Blanca para abordar el tema. Además, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, junto con otros líderes políticos, reiteró su negativa a las intenciones de Trump y anunció que se adelantará una sesión del parlamento local para definir una respuesta oficial ante las amenazas del gobierno estadounidense.
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