La justa deportiva es mucho más que 22 jugadores corriendo tras un balón; en realidad, funciona como un gigantesco laboratorio para entender el comportamiento humano y las reacciones de nuestra mente. Así lo explicó Erika Villavicencio Ayub, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, quien señala que para comprender el impacto del torneo en los aficionados es necesario revisar la química del cerebro.
“Cuando juega la selección de nuestro país, nuestra mente no lo procesa como simple entretenimiento, sino como un escenario de supervivencia”.
La montaña rusa de las hormonas: Triunfo vs. Derrota
El resultado de un partido altera por completo nuestro estado mental y físico debido a las sustancias que produce el cuerpo:
- Si el equipo gana: Se activan los circuitos de recompensa y el cerebro secreta dopamina. Esto genera una intensa euforia y un mecanismo de identidad donde “brillamos con la gloria ajena”. Es por eso que los aficionados dicen con orgullo “ganamos”, elevando su autoestima.
- Si el equipo pierde: La amígdala (nuestro centro de alerta) detecta la derrota como una amenaza. Esto dispara los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y adrenalina, provocando un desgaste físico similar al de una situación de peligro real.
Para proteger la autoestima, el cerebro activa un mecanismo de defensa neurocognitivo que busca distanciarnos del fracaso; por ello, la gente cambia su lenguaje y prefiere decir “perdieron”.
Del contagio emocional a la violencia doméstica
La efervescencia del futbol puede salirse de control debido al contagio emocional. De acuerdo con la especialista de la UNAM, el enojo por una derrota o el exceso de euforia no se quedan en el estadio ni en la pantalla. Este fenómeno se agrava en países con un alto consumo de alcohol.

La evidencia demuestra que durante estos torneos deportivos incrementa el riesgo de violencia hacia las infancias en el hogar, así como las agresiones y fricciones en el tráfico vehicular. Ante esto, la experta enfatiza la urgencia de psicoeducar a la población para frenar conductas que ya forman parte de la cultura cotidiana.
El impacto de la justa deportiva en la productividad laboral
El torneo también representa un reto económico. El ancho de banda cognitivo de los empleados suele verse “secuestrado” por el partido: aunque estén frente a la computadora, su mente está enfocada en las apuestas o en revisar el marcador en secreto, lo que aumenta el error operativo y las distracciones.
Al día siguiente de una derrota, las empresas suelen enfrentar equipos de trabajo irritables, con baja motivación y mala comunicación. Por ello, la experta señala que es más rentable para las organizaciones habilitar una pantalla para ver el juego en conjunto. Esto permite liberar tensión y secretar oxitocina (la hormona del apego), fomentando la empatía, la confianza y la integración grupal en lugar de tener una plantilla ansiosa durante toda la jornada.
Consejos de salud mental y seguridad durante el torneo
Para evitar que la pasión del futbol se convierta en una crisis personal, se recomiendan las siguientes pautas:
- Finanzas sanas: Evitar el endeudamiento por apuestas o festejos, ya que el mal manejo del dinero daña la salud mental.
- Seguridad vial: No conducir bajo los efectos del alcohol y cuidar las pertenencias.
- Protección a mujeres y niños: En los festejos, se aconseja a las mujeres compartir su ubicación, usar transporte seguro, cuidar sus bebidas y, de manera primordial, proteger a los menores de edad.
- Atención a la depresión: Un partido de futbol “no es el fin del mundo”. Sin embargo, una derrota combinada con trastornos previos como la depresión o pérdidas económicas puede disparar crisis graves, incluida la ideación suicida. Es vital vigilar a familiares en situación de riesgo.
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