¿Celulares en las aulas? Por qué la regulación según la edad es mejor que la prohibición

Gabriela García.

El debate sobre la presencia de los dispositivos móviles en las aulas sigue cobrando fuerza. Frente a las posturas que exigen la expulsión definitiva de los smartphones de los planteles educativos, especialistas sugieren un enfoque centrado en la regulación adaptada a la edad y necesidades de los estudiantes, en lugar de una prohibición total.

Mariana Solana Filloy, coordinadora de Gestión Curricular de la Universidad Iberoamericana Puebla (IBERO Puebla), señala que investigaciones en áreas como la neurociencia, la psicología y la psiquiatría han identificado efectos negativos asociados al uso excesivo de pantallas, principalmente en niñas, niños y adolescentes.

La exposición prolongada a dispositivos móviles puede comprometer directamente procesos cognitivos fundamentales para el rendimiento escolar y el desarrollo personal, tales como:

  • Atención y concentración
  • Memoria de trabajo
  • Capacidad de autorregulación
  • Consolidación del aprendizaje

Por esta razón, resulta indispensable que las instituciones educativas fijen reglas claras y límites bien definidos, en especial durante los primeros años de formación básica.

El reto del aula digital: del equilibrio a las competencias digitales

Sin embargo, erradicar por completo los teléfonos de las aulas desconoce la realidad educativa contemporánea. Tras la emergencia sanitaria, la integración de herramientas digitales se consolidó como parte fundamental de la enseñanza cotidiana.

La académica enfatiza que el verdadero desafío de la educación actual radica en hallar un punto de equilibrio entre el aprovechamiento pedagógico de la tecnología y el resguardo del bienestar cognitivo, emocional y social del alumnado.

Los celulares son hoy una herramienta omnipresente en la vida diaria: sirven para la comunicación, el acceso a información, trámites, servicios financieros y dinámicas laborales. En consecuencia, la escuela tiene el compromiso de alfabetizar digitalmente a las nuevas generaciones. Esto implica formar a los estudiantes para un uso responsable, promoviendo el desarrollo de competencias digitales y abriendo espacios de reflexión sobre los contenidos que consumen y su impacto en la salud mental.

La estrategia de regulación no debe ser homogénea. Las normativas sobre el uso de dispositivos móviles deben adaptarse progresivamente a cada etapa del desarrollo escolar, involucrando activamente a docentes y familias para construir entornos que favorezcan el aprendizaje y la formación integral.

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