Hallan sin vida al streamer salvadoreño “El Komanche” en Monterrey a los 30 años

Josué Avalos

El mundo del contenido digital y la comunidad de videojuegos se encuentran de luto tras confirmarse el fallecimiento de Carlos Mauricio Gómez, popularmente conocido en redes sociales como “El Komanche”, el creador de contenido salvadoreño de 30 años de edad fue localizado sin vida la noche del domingo 25 de octubre al interior de su domicilio en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.

De acuerdo con reportes preliminares de medios locales y autoridades, el hallazgo ocurrió alrededor de las 19:30 horas en un inmueble situado sobre la calle Paseo Bruselas y Paseo Niza, en la colonia Paseo de Cumbres, en Monterrey, el cuerpo del influencer fue localizado en el área del patio de la residencia, fuentes policiales señalaron que las primeras líneas de investigación apuntan a un presunto suicidio, aunque las autoridades de Nuevo León mantuvieron reserva sobre la identidad en los primeros minutos, la noticia fue confirmada de manera oficial por su representante, Byron Reyes, a través de un comunicado emitido a nombre de la familia.

Nacido en San Sebastián, El Salvador, Carlos Mauricio Gómez inició su trayectoria en plataformas de streaming como Twitch en 2015, ganando un masivo reconocimiento internacional y destacando por su participación y creación de proyectos de gran escala como los Squid Craft Games, en 2023, el propio creador de contenido hizo público que había sido diagnosticado con trastorno bipolar y trastorno maniaco-depresivo, tras la tragedia, su manager hizo un firme pronunciamiento en redes sociales sobre el impacto del ciberacoso: “En internet todos creemos que tenemos el derecho de señalar o criticar a los demás sin saber lo mucho que pueden afectar esas palabras. Sé que Komanche estaría muy feliz de poder hacer que ese ambiente cambie para todos. El bullying a cualquier escala no es un juego“.

Te podría interesar: Conductores protagonizan choque en San Baltazar Campeche por pasarse el alto

¡Cuidado! Este contenido es como el oro: ¡no se puede duplicar!