Josué Avalos
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir los cimientos de la relación bilateral con sus socios norteamericanos. En un encuentro con periodistas en la Casa Blanca este miércoles 10 de junio de 2026, el mandatario republicano puso en duda la renovación automática del T-MEC, afirmando de manera tajante que su país mantiene una postura de autosuficiencia y exigiendo un trato comercial más favorable frente a los déficits financieros que arrastra Washington.
Cuestionado sobre el avance de las mesas de negociación —las cuales se desarrollan bajo la sombra de la reciente guerra arancelaria que ha impuesto su administración—, Trump minimizó la dependencia de su país hacia las cadenas de suministro de la región, enfocando sus críticas en sectores clave de las economías mexicana y canadiense.
“No necesitamos nada de lo que tiene Canadá, no necesitamos nada de lo que tiene México, pero ellos necesitan todo lo que tenemos nosotros, y tienen que tratarnos mejor (…) No necesitamos sus automóviles, no necesitamos su madera, no necesitamos su energía; no necesitamos nada de lo que ellos tienen”, sentenció el mandatario.
El Ejecutivo estadounidense insistió en que las reglas del juego global deben cambiar, argumentando que en lugar de registrar balances comerciales negativos, la Unión Americana debería gozar de superávits con sus aliados estratégicos. Más allá del terreno estrictamente arancelario, Trump vinculó directamente la agenda económica con la seguridad nacional y el combate a las organizaciones criminales, lanzando una fuerte advertencia al gobierno mexicano respecto a la frontera común.
“Odio decirle esto a México, pero ahora estamos concentrados en las drogas que entran por tierra”, aseveró. Para justificar el cambio de estrategia, el magnate presumió que el flujo de estupefacientes por vía marítima ha disminuido en un 97 por ciento, resultado de los operativos y ataques ejecutados en los últimos meses contra presuntas narcolanchas en las aguas del Pacífico y el Atlántico, obligando a las agencias de inteligencia a volcar su atención a los puertos terrestres.
El T-MEC, instrumento jurídico que sustituyó al antiguo TLCAN y entró en vigor en 2020, contempla una cláusula de revisión conjunta obligatoria al cumplir sus primeros seis años de operaciones. Los escenarios que se vislumbran para las próximas semanas son críticos. Si México, Canadá y Estados Unidos firman el acuerdo de continuidad antes del próximo 1 de julio, el pacto comercial se extenderá de manera automática por otros 16 años, una ruta que los gobiernos de Ottawa y la Ciudad de México han solicitado formalmente.
De no alcanzar la unanimidad, el tratado no expira de inmediato, pero entraría en un complejo esquema de revisiones anuales durante una década, lo que mermaría la certeza jurídica para las inversiones a largo plazo.
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