La edición 68 de los Premios Grammy, celebrada en el Crypto Arena de Los Ángeles, quedará grabada en los libros de historia. Bad Bunny se consagró como el máximo ganador de la noche al obtener el galardón a Mejor Álbum del Año por “Debí tirar más fotos”, convirtiéndose en el primer artista en lograr este hito con un álbum íntegramente en español.
El fin de una era en los Grammy
Desde la creación de los premios hace casi siete décadas, ningún material en castellano había logrado alzarse con la categoría reina. El triunfo de Benito Antonio Martínez Ocasio no solo valida su dominio comercial, sino que posiciona a la música urbana y al idioma español en la cima de la excelencia artística según la Academia.
El poderoso discurso: “No somos animales”
Más allá del logro musical, la noche se tornó política cuando el intérprete aprovechó el micrófono para defender a la comunidad migrante frente a las actuales políticas del gobierno estadounidense.
“Antes de dar gracias a Dios, quiero decir ‘ICE Out’ (¡Fuera ICE!). No somos salvajes. No somos animales. No somos extraterrestres. Somos humanos y somos estadounidenses”, sentenció con firmeza.
Al recibir el premio, también dedicó unas palabras a quienes han tenido que abandonar su hogar:
“Quiero dedicar este premio a todas las personas que tuvieron que dejar su tierra, su país, para seguir sus sueños”.
Solidaridad en la industria: El movimiento “ICE Out”
La ofensiva de Bad Bunny contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) no fue un acto aislado. La alfombra roja y la ceremonia se llenaron de símbolos de apoyo a los migrantes.
Diversas figuras de la industria se unieron al mensaje portando el pin de “ICE Out”, entre ellos:
- Billie Eilish y su hermano Finneas O’Connell.
- Justin Bieber y la modelo Hayley Bieber.
- La legendaria compositora Carole King.
Este frente unido de estrellas anglo y latinas marcó el tono de una gala donde la música sirvió como plataforma de resistencia y orgullo cultural.
Detalles de la producción ganadora
“Debí tirar más fotos” ha sido descrito por la crítica como el trabajo más personal y maduro del puertorriqueño, fusionando ritmos experimentales con letras de añoranza y crítica social. Además del premio mayor, el disco también se llevó la categoría de Mejor Álbum de Música Urbana.
Con este triunfo, Bad Bunny no solo se lleva un gramófono dorado a casa; se lleva el reconocimiento de ser el arquitecto de un cambio de paradigma en la cultura popular estadounidense.
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